Sentimientos secundarios y resistencia en psicoterapia

Hay personas que debido a su angustioso estado emocional buscan un cambio inmediato que les resuelva su sufrimiento. Sin embargo, luchan con todas sus fuerzas para mantener su visión del mundo y la posición que se han asignado en él, tal es el pánico que sienten ante la vida. Ante estas situaciones, el terapeuta ha de ser prudente y entender la verdadera naturaleza psicológica del estado del paciente.

Es frecuente que a la consulta lleguen personas que dicen cosas como: “ya no puedo más, vengo a que me quites este malestar”  y otras expresiones en el mismo estilo. En muchos casos el sufrimiento llega a ser tan insoportable que produce el bloqueo de los recursos y las respuesta adaptativas.

Es humano sentir compasión ante el sufrimiento. Sin embargo, la ayuda que se requiere pasa por desvelar la resistencia al cambio oculta en un discurso ‘victimizado‘, como vía para llegar a los sentimientos primarios.

Una cuestión principal para el terapeuta es darse cuenta de que la demanda, en sí misma y más allá de los argumentos, refleja la forma en que la persona se relaciona con su situación personal.

Una situación frecuente en psicoterapia es la manifestación de sentimientos secundarios, generalmente relacionados con procesos de duelo no resueltos.

Estos sentimientos, cuya energía alimenta una visión ‘victimizada’  de la situación personal, llevan aparejados determinados juegos semánticos.

Por ejemplo, cuando alguien dice: si digo lo que pienso lo único que consigo es que todo el mundo se enfade conmigo y me rechace, lo que en realidad está haciendo es una declaración de intenciones sobre lo que le  puede pasar a cualquiera que no esté de acuerdo con lo que dice. El terapeuta ha de tener especial sensibilidad al analizar estas expresiones, ya que puede herir la susceptibilidad del paciente y ser percibido como su antagonista, en lugar del aliado.

Los sentimientos secundarios son sentimientos adoptados, generalmente del propio sistema familiar y, por su naturaleza exógena, no son genuinos de la persona que los manifiesta.

En sentido similar se puede considerar la transferencia de repetición psicoanalítica, donde un hecho del pasado regresa y se manifiesta en una situación presente estableciendo la misma relación transaccional entre ambos momentos, y donde el paciente deposita en el terapeuta sus deseos inconscientes, ya sean de agresión o amor.

En este caso, los sentimientos expresados tampoco son genuinos en relación a la situación presente, ya que no se reconoce al interlocutor como sujeto, sino como objeto necesario en el sistema transferencial del paciente.

Tanto los sentimientos secundarios, como la transferencia de repetición son resistencias de la persona ante situaciones percibidas como angustiosas. Y no es posible trabajar con ellos ya que su energía está exclusivamente involucrada en la defensa del ego.

En su lugar, antes que analizar los contenidos propios y explícitos de las verbalizaciones del paciente, la principal tarea de la psicoterapia consistiría en deshacer los sentimientos secundarios y liberar la energía estancada, para llevarla al verdadero foco del conflicto y encontrar las soluciones más eficientes y ecológicas.