Signo, síntoma y terapia narrativa

Habríamos de aceptar como premisa que cualquier síntoma es un signo o señal y, que como tal, está compuesto de significante y significado. Esta configuración de la señal en significante depende del sujeto que observa, que es quien de forma simultánea le atribuye significado. Parafraseando a Schopenhauer, para quien ‘no hay objeto sin sujeto’, solo el observador es capaz de convertir ese algo ahí fuera en objeto -en significante, añado-.

Como decía, cualquier síntoma es una señal, y no es posible no reaccionar ante las señales, independientemente de si se las tiene en consideración o se las ignora. Esa naturaleza lingüística de los objetos es la realidad fáctica con la que operamos ahí fuera.

Puede ser llanto, irritación, insomnio, falta de energía, evitación de personas y situaciones, dolores físicos y emocionales, abuso de sustancias o de ingesta de alimentos, etc. Todos esos significantes dependen de un observador que los dote de significado para que sean síntomas, aunque ya sabemos que también puede ignorarlos.

Los síntomas tienen una gran variabilidad. En las disciplinas de la salud se llama síndrome al conjunto más o menos variado y limitado de esos síntomas -o señales-organizados de manera compleja en torno a una personalidad.

Cuando te das cuenta de que esas señales persisten de forma continuada o cíclica y has agotado todos los significados posibles que pudieran explicar el fenómeno, es posible que necesites ayuda.

La ayuda psicológica desde la perspectiva narrativa explora los contextos desde los que se asignan significados a eso que nos pasa. En ese sentido, amplía los marcos de significado en los cuales el síntoma encuentra acomodo y sentido, generando nuevas posibilidades de acción.

No se trata de si se tiene una enfermedad o un trastorno, sino del significado que se le da a lo que ocurre. Un poeta, por ejemplo, desde una perspectiva estandarizada de la salud, bien pudiera ser considerado una persona con un trastorno afectivo o de cualquier otro tipo. Lo importante, en términos narrativos, sería generar posibilidades, tener la capacidad de emprender nuevas acciones, en lugar de buscar una etiqueta que explique nuestras limitaciones.

La terapia narrativa es, por tanto, un enfoque que persigue desarrollar la capacidad de generar nuevas realidades -nuevos significados- mediante el uso del lenguaje y desde la congruencia entre el pensamiento, la emoción y la acción.