Ser hombre

Cada vez más hombres sienten la llamada de una paternidad consciente, algo así como un movimiento visceral implicado en la necesidad de proveer cuidado y atención.

Cada vez somos más los que entendemos que para vivir enamorados de la vida hay que volcarse en ella y cuidarla y darle atenciones y amarla incondicionalmente; por sí misma y en la pareja, los hijxs, el trabajo, en esta tierra; amarla junto a otrxs y en soledad, agradecidos del legado recibido de nuestros padres.

Cada vez somos más los que estamos dispuestos a entregarnos a las corrientes que riegan nuestro cuerpo de emociones y a reparar los daños, porque sabemos que solo así podremos vivir una vida real ahí fuera, con independencia de nuestra posición social, tengamos o no hijxs.

Ser hombre, realizarse como hombre, seguir el impulso orgánico del caminar generando vida y entendimiento a nuestro paso, creando comunidad sin dejar a nada ni a nadie fuera de las fronteras de la dignidad.

Ser hombre en el siglo XXI, comprendiendo que la existencia es una paradoja y que las certezas solo sirven para crear realidad, a veces una muy cruda y desalmada realidad, y que lo único cierto es lo incierto y lo vulnerables que somos.

Cuestionar los dogmas, comprometerse con la cultura de la vida, cooperar con la comunidad, dignificar la palabra, apostar por la alegría, cambiar pañales, calmar el dolor de tu hija con tu abrazo y una nana, respetar al de al lado, cuidar la tierra y a sus seres, cocinar y arreglar la casa, cultivar redes, cultivarse. No hay nada que apele a la dignidad que no importe al hombre.