Princesa y cenicienta

Ayer, tra

Es el abordaje corporal en la sesión de Diafreoterapia [más info], en el momento de la elaboración, la paciente encontró el símbolo que representaba la experiencia que estaba viviendo: soy como cenicienta, dijo.

Los estiramientos musculares no compensados habían conseguido aflojar sus tensiones. La expresión de su cuerpo era de reposo, como sumido en un estado de espontaneidad reflexiva. Se sentía conectada a sus sensaciones. Cuando le pedí que buscara una metáfora que simbolizara cómo se sentía, hiló un pequeño y fragmentado relato.

Tendría alrededor de 8 años aquella mañana de domingo que fregaba el suelo de la casa. Estaba disgustada porque mientras tanto sus hermanos conversaban en el salón. Se preguntaba por qué tenía que realizar esa tarea que le imponía su madre si ella era una princesa, si había llegado la última para traer la alegría a la familia. ¿Por qué no podía hacer lo mismo que hacían sus hermanos?, llegó a decirle a su madre. La madre guardó silencio.

Mientras me contaba su historia descubrió que ahí fue la primera vez que deseó su propia muerte.

Seguía tumbada, en una alerta sin prisas, aguardando, como quien confía en que las aguas encontrarán su cauce.

Ausente de esfuerzo, llegaron a su memoria las imágenes de algunas fotografías de aquella época en las que siempre se le veía alegre y llena de vida y las comparó con otras del tiempo inmediatamente posterior. Se daba cuenta de que, en estas últimas, su cuerpo sin brillo huía de la mirada de la cámara, como si en el decurso entre ambos momentos la princesa hubiera cedido su lugar a cenicienta.

Desde donde yo la observaba percibía una ligera y mantenida tensión en su frente. Necesitaba un puente que la cruzara a la otra orilla, me dije, una palabra que sellase su vínculo a la vida.

-Puedes brillar y poner límites al mismo tiempo, le susurré acercándome a su oído.

Llegó el silencio, esa densidad vacía y fértil que trabaja con manos de alquimista en mudar la palabra en verbo.

La dejé con el silencio mientras abandonaba la sala, estaba en buenas manos.

 

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