Psicología del juego en la crianza

Nos fijamos poco en la seriedad del juego, como si estuviera reñido pasárselo bien con seguir unas normas.

Pero precisamente porque el juego es divertido si tiene normas, y tenemos normas para casi todo, todo o casi todo se puede convertir en un juego y, entretanto, pasarlo bien.

En la crianza intento que ambas cosas vayan unidas. No quiero decir que siempre lo consiga, pero también es difícil juntar el cielo y la tierra y en ello estamos.

Uno de los deseos de mi padre era que sus hijos estudiaran, y ese impulso está llegando a los míos. Pero he querido que fuera divertido.

Conseguir que lo tedioso sea interesante está siendo una fuente de inspiración, tanto como amarrar los demonios durante un rato, indiferente a sus lamentos.

Mis hijos no lo tienen fácil, aunque van entendiendo el juego; también el de amarrar a la fiera a ratos y, a ratos, liberarla.

Sujetar y liberar es como tensar y soltar, un eje con dos polos. Por eso a veces insisto en que hagan sus tareas y otras les animo a que las dejen. Para mi gusto aprenden bien.

El calor y el frío templan el acero a golpe de martillo. Yo intento agarrarlo fuerte y ellos hacen lo mismo, así nos vamos moldeando para que las cosas funcionen y aflore la honestidad.

No dejar nada por decir se ha convertido en la disciplina que manejamos: nos libera de tensiones y pone las cosas en su sitio.

En los momentos de deleite hasta los demonios se armonizan y salen cantando al son de las maderas y las cuerdas.

Aprendemos la lengua diciendo, la música jugando instrumentos, la vida comprometiéndonos y el amor queriéndonos.

Como con los juegos, caemos en la trampa de creer que las cosas asombrosas han de ser muy grandes y nos fijamos poco en lo asombrosas que son las cosas pequeñas. Por eso hay que recordarlo, para que no se olvide.

Limpiar lo que molesta y reducir el ruido hace las cosas más sencillas y más intensas. La pasión es algo que conocemos bien y cuando no está notamos la casa fría.

El juego es en un mediador eficaz en el aprendizaje psicosocial de los menores. Desarrolla la inteligencia, la cooperación y la empatía.