Síntomas de la polaridad en los conflictos psicológicos

La proyección

A través del proceso de la proyección todo aquello que no ha sido asumido internamente es rechazado y externalizado.

Este mecanismo transforma la realidad y la deforma. Atribuye y responsabiliza al ambiente y a los demás lo que es asunto del individuo.

Simultáneamente, esta realidad proyectada es combatida en tanto su presencia se convierte en una amenaza para el yo (autoconcepto).

Lo trágico es que la lucha tiene lugar en un campo de batalla desplazado, diferente de aquél donde se desarrolla el conflicto: se combate fuera lo que es un conflicto interno entre el yo y el ideal del yo. Esto recuerda al cuento de Nasrudin, que andaba buscando las llaves de su casa no donde las había perdido, sino donde creía que las encontraría más fácilmente.

En este sentido, el individuo, los sistemas y las organizaciones se sumergen en una lucha fratricida entre las diferentes partes polarizadas, provocando que la parte rechazada aumente su potencial en la medida que es combatida. Es decir, cuanto más polarizado está un sistema, más grande y fuerte se hace la parte negada del mismo.

La enfermedad, el sufrimiento, el conflicto y la violencia serían consecuencias directas de la lucha entre la parte aceptada y la excluida. Se pueden encontrar ejemplos de esta dinámica en los niveles micro, endo, meso y macrosistémico, es decir, desde el organismo unicelular y el individuo, a las relaciones interpersonales, entre comunidades, corporaciones, culturas, naciones y religiones.

En el enamoramiento, la resonancia con la felicidad se caracterizaría por una polarización.

Proyectamos sobre el objeto amado el ideal del yo, de manera que, a través de su posesión, se obtendría la gratificación idealizada que no se puede conseguir directamente de uno mismo, precisamente porque lo situamos fuera.

Al cubrir la imagen de lo amado con los contenidos de la proyección, se desplaza la realidad del objeto, se oculta, se vuelve sombra. La irrupción de esta, tiempo después, pude llegar a ser la causa de la frustración, la separación, la violencia o la enfermedad.

Otro ejemplo de esta dinámica pude observarse en los trastornos de la alimentación donde el yo ideal deja fuera de la conciencia todo lo que no se corresponde con la imagen idealizada.

Hacerse consciente del conflicto interno, integrar la sombra, es una vía para resolver el efecto de la polarización. Este proceso, que tiene su complejidad, es habitualmente abordado en el trabajo terapéutico.